La pobre viejecita

La pobre viejecita
Érase una pobre viejecita
sin nadita que comer
solo en su mesa ponía
pan, pez y manjares mil.
Ella era una pobre viejecita
Siempre usaba gafas, pañalón
Buen vestido de cachemir.
Su cara ya pintaba muchos años
Sus arrugas cansadas señalaban
El paso de los años
Sus ojos claros alumbraban la cocina.
De baja estatura se parecía a mi mama
Caminaba apoyada en su bastón
Se le dificultaba andar por su artritis
La vieja con vos de trueno siempre pide
Los favores y nunca repetía.
Su cara arrugada por el paso del tiempo
Descifraba dolor y tristeza, pero a pesar de su dolor
Mostraba alegría puesto que en su interior vera triunfar a sus hijos
Y tenía paz interior porque le arrancaba un nuevo día a la vida
Era de carácter firme y decidido, nunca se le vio llorar a pesar del sufrimiento
Porque el marido la abandono y la dejo con sus demás hijos
Nunca se supo de él, fue como si se lo tragara la tierra.
Ella, la pobre viejecita nunca mando los hijos sin cenar, siempre hubo
Que comer.
Guapa como ella había en el lugar cari sucia al verla después de
Una ardura faena.
Y todos los días eran lo mismo, de lunes a lunes nunca
Descansaba siempre se levantaba temprano y se acostaba tarde.
Su corbado cuerpo vencido por el paso del tiempo no le hacían
Fallecer, al contrario, sacaba fuerzas de donde no tenía.
La pobre viejecita ya al final perdió facultades un día se fracturo
La pierna y con esta enfermedad murió años después.
La pobre viejecita dejo a los hijos grandes enseñanzas y a los
Nietos grandes experiencias y a mí un gran vacío cuando ella falleció
No existe otra viejecita como aquella fue dulce y cariñosa, amable y
desprendida única e irremplazable como ella la abuela Florinda

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